Historia del Maquillaje

El maquillaje viene acompañando al hombre desde la antigüedad, empleado de diferentes maneras y con distintos elementos, pero siempre basándose en optimizar la imagen, acentuando los rasgos más bellos y disimulando las imperfecciones. Es aplicado como arma de seducción, pero a su vez formó parte de rituales indígenas, y muchos pueblos pintaban sus rostros para entrar en batalla, debido a esto estuvo siempre ligado a los usos y costumbres de las sociedades. 

El rojo fue el primer color utilizado por el hombre. Los primeros rastros de su uso que se encontraron, pertenecen a unos 140 mil años atrás, en unos esqueletos teñidos de rojo. En aquel tiempo, trabajaban con lo que obtenían de la naturaleza, con materiales como arcilla, tierra, flores e insectos machacados, grasa de animal, entre otras cosas. Un ejemplo, podría ser un primitivo labial realizado con una pasta con polvos rojos, esencia de rosas y aceite de sésamo.

En la Edad de Bronce, unos 3500 años antes de Cristo, empezó a usarse el khol, una mezcla de hollín y otros ingredientes. Era principalmente usado por las mujeres del norte de África, Oriente Medio y el sur de Asia. Con él se oscurecían los párpados y lo usaban como máscara de ojos. Inicialmente lo utilizaban como protector solar para los ojos, incluso algunas madres lo colocaban en los ojos de los recién nacidos para vigorizarlos y protegerlos del mal de ojo. 

Con el correr de los siglos, las diversas sociedades fueron manejando nuevos materiales y colores y generando productos, fundando estilos de estética, de acuerdo a los cánones de belleza de cada época y posición social. 

Las cortes faraónicas egipcias, también pasaron a la historia por su culto a la belleza y a la cosmética. Con elementos como tierra, cenizas, tinta, plantas y flores empezaron a maquillarse. Destacaban sus ojos con colores fuertes y vivos, como el turquesa o el azul, formándolos a través de la pulverización de piedras y minerales, los remarcaban con khol para agrandarlos y delinearlos en forma de cola de pez. Además depilaban sus cejas y se las maquillaban bien negras. Usando materiales obtenidos de plantas y arbustos, aclaraban el rostro y le daban color a las mejillas. Con una tinta basada en óxido de hierro y ocre pintaban sus labios de rojo usando un cepillo o palito. Con henna teñían su pelo logrando generar variados matices. Mantenían su piel suave y tersa con cremas, aceites y baños de leche o perfumados. 

Nefertiti fue quien puso de moda el color verde en los párpados y Cleopatra, recordada por sus baños en leche, fue quien reunió más secretos sobre el cuidado de la belleza. En las tumbas egipcias se han hallado objetos como peines de marfil, pinzas de depilar, recipientes para maquillajes, cremas, polvos, khol. 
 
En Grecia, la cosmética vivió su momento de magnificencia. Desde allí empezaron a circular diferentes productos de belleza y formulas de cosmética, además del culto al cuerpo. Empleaban variados tipos de hierbas y flores para extraer aceites, como rosas, jazmines, tomillo, entre otros. Con los aceites perfumados se realizaban masajes o se colocaban luego de tomar un baño. El cabello era cuidado con esmero y mediante extractos naturales obtenían tintes. Las atenienses coloreaban sus ojos con negro y azul, sus mejillas con carmín, para los labios y las uñas se usaba un único tono. El rostro debía ser pálido, como signo de apasionamiento, es por esto que comían muchos cominos y empleaban cerusa y albayalde, para blanquearla. Las cejas se perfilaban sin alargarlas y se depilaban con pinzas.  

Durante el Imperio Romano, la estética se convirtió en obsesión, tanto para los hombres como para las mujeres. Se maquillaban y cuidaban su piel, pero a diferencia de Grecia, no existía un único ideal de belleza, ya que debido a las conquistas de distintos territorios se fueron adoptando influencias dispares de los distintos pueblos. Por ejemplo, luego de la ocupación de los territorios germánicos de mano de Julio César, las romanas alucinaron con los cabellos rubios y el cutis de los esclavos y empezaron a difundirse bálsamos y fórmulas para cambiar el color de la piel y el cabello, en su mayoría moreno.

Su tez era pálida y despuntaban el color de las mejillas con un polvo de tiza de albayalde, y en los ojos se ponían unas pastas compuestas de cenizas de antimonio que se usaban para oscurecer. Elaboraban pestañas postizas tejiéndolas con seda o con pelo natural. 

En Arabia, las mujeres vivían en harenes, donde permanecían largas horas embelleciéndose, tomando baños perfumados y masajes con aceites. Usaban el khol en los ojos para agrandarlos, además de colorete y perfumes.

A raíz de las epidemias y las guerras, durante la Edad Media, se vivió una época determinada por la austeridad. Es entre los siglos XI y XIII, durante las Cruzadas, donde resurge, gracias al intercambio con otras culturas y conociendo nuevas técnicas de cosmética que reemplazaron a las practicadas en Europa. En ese momento la nobleza se confinó en sus castillos y eran los vendedores ambulantes los que les hacían llegar bálsamos, artículos de tocador y hierbas medicinales. 

En el Renacimiento, los valores estéticos toman un nuevo impulso. La belleza alcanza todo y la estética femenina se torna parte de la armonía que envuelve la vida de la Italia renacentista. Es allí donde brotan las nuevas propuestas de moda, belleza y estética para influir en las cortes europeas. Las mujeres debían tener el pelo rubio, la piel blanquecina, muy pocas cejas.

Son los monjes de Santa María Novella, en el siglo XVI, quienes erigen el primer gran laboratorio de productos cosméticos y medicinales. Durante esos años surgen los primeros escritos de belleza y cosmética en Italia y Francia. Catalina de Médicis, dedico parte de su tiempo en estudiar mezclas de cremas y ungüentos, además consiguió los mejores especialistas en perfumes de Florencia. Fue una de sus más intimas amigas quien inauguró en Paris el primer centro de belleza. Desde que Catalina se instala en Paris, la ciudad se transforma en el centro europeo de la moda y la estética. 

En las cortes francesas, se origina el auge del maquillaje. Entre finales del siglo XVII y durante el XVIII, las parisinas se embellecían aplicando un mismo patrón: los labios en forma de corazón, las mejillas enrojecidas con colorete, polvo de harina de arroz esparcidos en cara, cuello y hombros, lunares en la cara y espalda, extravagantes pelucas. Aparte de los polvos para la cara, utilizaban una crema nacarada brillante a base de azufre que provocó envenenamientos mortales. 

La India es un país muy rico en materias primas para la estética, la utilización de flores, khol y polvos como el azafrán, se usan allí desde hace siglos. Aún hoy, los niños pintan sus ojos con khol por sus poderes desinfectantes. 

En China, establecían sus cánones de belleza en mujeres finamente maquilladas, con un cutis muy bien cuidado. Empleaban finos polvos de la gama de los rojos, rosas o naranjas y delineaban sus ojos con tinta china con unos bastoncillos. Además confeccionaban cremas con pulpa de frutas, aceites de té o grasas de animales. Producían perfumes con pachulí, jazmín, almizcle, camelia, entre otros. Al igual que en otros aspectos, la cosmética tiene en China una traición milenaria.  
 
A inicios del siglo XIX, se efectuó el primer experimento para eliminar las arrugas. Se llamaba “esmaltado de la cara”, primero se lavaba el rostro con un líquido alcalino, después se aplicaba una pasta para rellenar las arrugas y sobre eso una capa de esmalte hecha con arsénico y plomo. Duraba alrededor de un año, y si la máscara era muy gruesa se rajaba. No hace falta aclarar que era un método insano e incómodo. 

Cerca de 1880, surge el labial rojo. Se elaboraba con manteca fresca, cera de abeja, raíces de orcaneta roja como colorante y uvas negras, con estos materiales se hacía una pomada, que no producía efectos secundarios. 

Desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad, la cosmética ha ido progresando y se convirtió  en una de las industrias mundiales más importantes. Consagrada principalmente a la mujer, fueron surgiendo todo tipo de productos para mejorar su imagen. 

A partir de los años ’20 la mujer emprende el proceso de liberación femenina, abandonando las labores hogareñas y yendo a trabajar en la industria. Acostumbraban a usar la piel blanca, las cejas arqueadas o rectas, coloreaban los ojos de color oscuro y redondeados, los labios oscuros, en granate o rojo, y pequeños en forma de corazón. 

En los ’30, la imagen se torna más glamorosa y elegante. La boca continúa estando delgada pero más natural. Se refinan los rasgos, usando las formas más estilizadas de los ojos, los pómulos, las cejas y los labios. Con la depilación se curvan y afinan las cejas, alzando los ojos. El delineado del ojo se aplica muy fino y se marca la cuenca del ojo o “banana”. Pero durante la Segunda Guerra Mundial, se vuelve a los colores oscuros y tristes. 

En los ’40, se comienza a moldear el rostro produciendo profundidad a los pómulos y las mandíbulas. El delineado del ojo se hace más grueso y acentuado, con la "banana" muy marcada. A las cejas se las modela como “ala de paloma”, como utilizaba Audrey Hepburn. La boca tiende a ser pulposa y redondeada, en tonos marrones y granate oscuro. 

En la década del ’50, la mujer retorna al hogar y se origina una transformación en el maquillaje. Se conserva la estructura de los ’40 pero con más color. Se sigue delineando el ojo y con más rabillo, sobresaliendo por la parte exterior del ojo, los colores turquesa y azul para las sombras, las cejas gruesas y en “ala de paloma”. Se buscaba una imagen de señora. 

Durante los ’60, la moda es determinada por la juventud, que toma la estética de los años ’20, apartando la imagen de los ’50, la cual juzgan anticuada. El delineado de los ojos era muy importante en la parte superior y en la inferior. Se usaban pestañas postizas o máscara de pestañas para hacerlas muy exageradas. Para los ojos se empleaban colores fuertes, en tonos de azul, turquesa, blanco, rosa, la banana se usa muy marcada. En los labios tonos claros, para proporcionar una impresión más natural y suave. Hacia los finales de la década surgen los brillos y la intensificación de los colores. 

En los años ‘70, el maquillaje se torna más natural desistiendo de los colores fuertes y llamativos. Y comienzan a surgir varias tendencias, generando una variedad de estilos diferentes. Se toman tendencias de la India y Nepal, apoyándose más en la belleza espiritual que en la física. Uno de los estilos que determinaron esta época, fueron los hippies, con su pelo largo, el maquillaje muy natural, nos usaban eye-liner sino khol. Los punks poseían una estética más agresiva, pintaban sus ojos, labios y uñas, y se aclaraban la piel. Los seguidores de la música disco usaban por las noches maquillaje en abundancia, con mucho brillo y color, plateados y dorados, delineaban oscuros los labios asociándolos con labiales claros, rojos o negros. La cejas eran muy finas y la piel brillante. 

Siguiendo con algunas tendencias de los ’70, en los años ‘80,  el maquillaje se vuelve más llamativo, se agranda la paleta de colores para las sombras, explotando los colores muy fuertes. Para producir una mirada con carácter y más dura, sombreaban el lateral del tabique. En los ojos aplicaban khol, sombras fuertes con colores vistosos, estiraban y rasgaban la mirada, las cejas se usaban gruesas y anchas, dando una sensación más naturales. En los labios predominaban los colores oscuros y mates, los delineaban en forma puntiaguda en el corazón del labio. 

En los ‘90, el maquillaje se vuelve más simple, se buscan técnicas sencillas y prácticas para maquillarse ya que las mujeres se vuelven más independientes y cuentan con menos tiempo. 

En la actualidad, la mujer busca conseguir un maquillaje natural, con una sensación limpia y fresca, empleando colores suaves que combinen con su tez y cabello, que favorezcan los rasgos y escondan las imperfecciones.

 

 

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